🎵 “Cashflow, qué bonito nombre tienes… 🎵”
No, no he cambiado de tema. Porque, aunque hoy no hablemos directamente de cashflow, te aseguro que esos 90 segundos de los que vamos a hablar son los que, a largo plazo, harán que tu cashflow pase de “ayuda humanitaria” a “festival de billetes.”

La Ley de los 90 Segundos es simple, brutal y directa: en el primer minuto y medio de conocerte, alguien ya decidió si eres relevante o si te manda al cajón del olvido.

¿Exagerado? Pregunta a Nicholas Boothman, el autor que lo popularizó en su libro “How to Make People Like You in 90 Seconds or Less.” O a cualquier persona que alguna vez haya tenido que vender algo, desde un producto hasta una idea o a sí mismo.

Tu cerebro te juzga más rápido que un reality show

Aquí está la ciencia. Según Boothman (y la neurociencia):

  • En los primeros 90 segundos, el cerebro humano hace un escaneo intensivo de tu apariencia, tu voz, tu lenguaje corporal y hasta el aire que respiras.
  • En ese tiempo, decide si eres alguien con quien vale la pena interactuar o simplemente otro extra en su día.

El cerebro es así de superficial. Y no le importa si has leído todos los libros de estrategia de negocio, si tienes un MBA o si resuelves un cubo Rubik en 10 segundos. Lo que ve y siente en esos primeros instantes lo decide todo.

¿Te estás saboteando en esos 90 segundos?

Seamos honestos: ¿cuántas veces entraste a una reunión o un evento y lo arruinaste antes de abrir la boca?

  • Tu postura: Pareces más una interrogación que un signo de exclamación.
  • Tu vestimenta: Camisa arrugada y cara de “acabo de despertarme”.
  • Tu actitud: Fría, distante, como si estuvieras allí por obligación.

Esos primeros 90 segundos son como un elevator pitch, pero sin hablar. ¿Y qué haces? Tirarlos por la borda como un novato.

El arte (y la guerra) de conquistar en 90 segundos

Voy a ser claro: no se trata solo de impresionar. Se trata de dominar esos segundos, de hacer que cada uno cuente, de entrar a una sala y que todo el mundo piense: “Quiero saber más de esta persona.”

¿Cómo se hace? Vamos con el plan:

1. La entrada es tu trailer de Hollywood

Cuando cruzas una puerta, ya estás diciendo algo sin hablar.

  • Camina con confianza, como si fueras a cerrar el trato de tu vida (porque puede que lo hagas).
  • Haz contacto visual. Nada de mirar el suelo como si buscaras monedas.
  • Sonríe, pero no como un robot. Una sonrisa natural desarma hasta al más frío.

2. Vístete como si fueras a ganar un premio (porque lo estás ganando)

Tu apariencia no es todo, pero es lo primero.

  • Ropa limpia, bien planchada y que diga “estoy aquí para ganar.”
  • Accesorios: menos es más. No quieres parecer un árbol de Navidad.
  • Si dudas, siempre elige lo más profesional. Nadie va a pensar que estás demasiado bien vestido.

3. Habla como si estuvieras vendiendo oro

Nada de presentaciones aburridas tipo:

  • “Soy consultor en estrategia empresarial.”
    ¿Y qué? Eso no vende. Mejor:
  • “Ayudo a empresas a duplicar sus ventas en menos de 90 días.”

Si no puedes explicar qué haces en una frase que intrigue, necesitas repensarlo.

4. Elogia sin babear

El elogio es un arma secreta, pero úsala con inteligencia.

  • No digas: “Eres increíble, he oído mucho de ti.”
  • Di: “Leí tu artículo sobre X y me ayudó mucho a entender Y. ¿Cómo llegaste a esa conclusión?”
    El truco está en ser específico. La gente adora sentirse valorada, pero nadie quiere halagos vacíos.

5. Proyecta entusiasmo (pero no como si hubieras tomado cinco cafés)

Si no estás emocionado por lo que haces, ¿cómo esperas que alguien más lo esté? Habla con pasión, pero sin parecer desesperado.

El impacto de dominar la Ley de los 90 Segundos

¿Sabes qué pasa cuando haces todo esto bien?

  • Los clientes recuerdan tu nombre.
  • Los inversores te hacen preguntas.
  • Los socios potenciales quieren saber más de ti.

Y, lo mejor de todo, empiezas a ganar la confianza y la atención que necesitas para convertir esos 90 segundos en oportunidades reales.

La dura verdad: el mercado no espera

En los negocios, no hay margen para ser tibio. Si entras a una reunión como si te hubieran obligado, ya perdiste. Si no puedes conectar en 90 segundos, alguien más lo hará.

Así que, la próxima vez que cruces una puerta, hazte esta pregunta:
¿Voy a ser inolvidable o irrelevante?

Porque al final, el que domina esos 90 segundos es el que acaba con los billetes.

Y tú, ¿estás listo para causar una impresión que valga dinero?

 

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