8 de enero. Los colegios vuelven a abrir sus puertas, las luces de Navidad empiezan a apagarse y las palabras mágicas de las últimas semanas desaparecen:

  • “Nos vemos después de Reyes.”
  • “Eso lo retomamos a la vuelta.”
  • “Dejemos esto para después de las fiestas.”

¿Te suena?

No me malinterpretes. No soy un grinch. He disfrutado de las fiestas, de mi hija, de mis amigos y de cada sobremesa interminable con familia. Pero hoy estoy encantado de que el mundo vuelva a la rutina.

Y sí, sé que para muchos esto suena extraño. Pero aquí va una verdad incómoda que repito constantemente:

Si no amas tu rutina, algo va terriblemente mal.

Rutina: La palabra malentendida

Para algunos, «rutina» es sinónimo de monotonía, esclavitud laboral y resignación. Para mí y para los empresarios que mentorizo, la rutina es la columna vertebral de todo.

La rutina bien diseñada no es aburrida. Es el motor que te impulsa, que te organiza y que te permite avanzar con propósito. Pero si cada lunes se siente como una tortura… el problema no es el lunes. El problema es lo que estás haciendo.

Tres pasos para amar tu Rutina (y que te haga avanzar)

Rediseñar tu rutina no es complicado, pero sí requiere sinceridad y acción. Estos son los tres pasos que enseño en mis mentorías para transformar cualquier rutina en una herramienta poderosa:

1. Diseña una rutina que te motive.

Si te levantas cada día sin ganas, algo está fallando. Tu rutina debería incluir:

  • Tareas que te reten: ¿Qué estás haciendo hoy que te saque de tu zona de confort?
  • Tareas que te emocionen: ¿Dónde está el propósito detrás de lo que haces?
  • Tareas que aporten resultados: No se trata de estar ocupado, sino de ser efectivo.

¿Un truco? Empieza el día con lo que más te motiva. La energía inicial es clave para mantener el ritmo.

2. Encuentra equilibrio.

La rutina no es solo trabajo, ni solo descanso. Es una combinación perfecta de ambos. Si te obsesionas con trabajar 24/7, te quemarás. Pero si tu día es puro ocio, no avanzarás nunca.

¿Cómo encontrar el equilibrio?

  • Reserva tiempo para ti: No es un lujo, es una necesidad.
  • Disfruta de tus relaciones: Familia, amigos, pareja… son tan importantes como tus objetivos.
  • Descansa: Sí, un descanso bien gestionado hace que trabajes mejor.

El equilibrio no significa hacerlo todo perfecto. Significa diseñar un sistema que te permita avanzar sin agotarte.

3. Mide tu progreso.

¿Estás logrando lo que te propusiste? Si no puedes responder a esa pregunta con datos concretos, entonces no estás midiendo tu progreso.

Cada acción en tu rutina debe tener un propósito. Y cada propósito debe tener una forma de medirse:

  • ¿Cuántos clientes nuevos conseguiste esta semana?
  • ¿Cuántos pasos diste hacia tu gran objetivo?
  • ¿Qué aprendiste, creaste o mejoraste hoy?

Cuando puedes medir tus avances, incluso los días difíciles tienen sentido. No es trabajar por trabajar, es trabajar con propósito.

¿Estás construyendo una rutina que te motiva?

No necesitas responderme, pero respóndete a ti mismo con sinceridad:

  • ¿Qué haces cada día para acercarte a tus objetivos?
  • ¿Qué tareas podrías eliminar para dejar espacio a lo que realmente importa?
  • ¿Cómo puedes diseñar una rutina que te dé energía, en lugar de quitártela?

Si los lunes son tu enemigo, si hoy te da «palo» volver a la rutina,  si el calendario te asfixia, entonces es hora de un cambio.

A los billetes le encanta una buena rutina. FELIZ VUELTA!!!!

 

 

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