Laura llegó a nuestra sesión de mentoría con los hombros caídos, como si el peso del mundo le hubiera caído encima. Había lanzado su negocio hacía unos meses y las cosas iban bien, pero no todo era perfecto.
—Estoy pensando en dejarlo.
—¿Qué pasó? —pregunté, aunque ya me lo imaginaba.
—Las críticas. No paran. Que si esto no es para mí, que si mi idea es una locura, que si debería buscar algo más “seguro”.
—¿Y quién te dice todo eso?
—Mis amigos, mi familia, incluso gente que ni me conoce en redes.

Ahí lo tienes. Las críticas, ese veneno disfrazado de “opinión constructiva” que puede hundirte… si lo permites.

Le sonreí y le solté mi frase favorita:
—Me llevaré todas esas opiniones al banco, Laura, a ver si en unos años me generan algo de interés. Pero mientras tanto, voy a seguir trabajando.

Se rió. Y esa risa fue el primer paso para que entendiera algo importante: las críticas no importan tanto como creemos.

¿Por qué las críticas nos afectan tanto?

Porque somos humanos. Porque queremos ser aceptados, valorados, incluso admirados. Y porque el cerebro humano está diseñado para enfocarse en lo negativo.

Puedes recibir 20 comentarios positivos y uno negativo, y adivina cuál será el que te quite el sueño.

Pero aquí está la clave: las críticas solo tienen el poder que tú les das.

Si las conviertes en verdades absolutas, te hundirán. Si las tomas como ruido de fondo y sigues adelante, no tendrán ningún impacto real.

Críticas: el deporte favorito de los mediocres

Vamos a ser claros. La mayoría de las críticas no vienen de gente que quiere ayudarte. Vienen de personas que:

  • No han logrado nada importante.
  • Están frustradas con sus propias vidas.
  • Se sienten incómodas al ver que tú haces algo que ellos nunca se atrevieron a hacer.

¿Y sabes qué es lo peor? No tienen nada que perder al criticarte.
No están arriesgando su tiempo, su dinero ni su reputación. Tú sí.

Entonces, ¿por qué deberías escuchar a alguien que no está en la arena contigo, luchando cada día por construir algo?

El caso de Laura: cuando las críticas casi la derrotan

Laura me confesó que una de las cosas que más le dolía era escuchar a su propia familia decir cosas como:
—¿Estás segura de esto?
—¿No crees que deberías buscar algo más estable?
—Mira a tu prima, ya tiene su plaza fija.

Esas palabras le llegaban como flechas al pecho. Pero le expliqué algo que le cambió la perspectiva:
—Laura, la gente critica desde su miedo, no desde tu realidad. Lo que ellos ven como un riesgo es solo su reflejo en el espejo. No es tu verdad.

Cómo sobrevivir (y prosperar) entre las críticas

Las críticas no van a desaparecer, pero puedes aprender a manejarlas como un profesional. Aquí te dejo cuatro pasos que enseño a todas las personas que mentorizo:

1. Clasifica las críticas: ¿Quién te está hablando?

Antes de que una crítica te afecte, pregúntate:

  • ¿Esta persona ha logrado algo que yo respeto?
  • ¿Está donde yo quiero estar?
  • ¿O solo está hablando desde la comodidad de su sofá?

Si la respuesta es “no tiene ni idea de lo que dice”, descártala.

2. Usa las críticas como gasolina

Cada vez que alguien te diga que no puedes hacerlo, míralo como un desafío.
No lo veas como un obstáculo, sino como una motivación extra para demostrarles que están equivocados.

Como le dije a Laura:
—La mejor manera de callar bocas es con resultados.

3. Ignora el ruido

No todo merece tu atención. Hay críticas que solo buscan hundirte, no ayudarte. Aprende a identificarlas y no gastes ni un segundo de tu tiempo en ellas.

Por ejemplo, Laura estaba obsesionada con un comentario en redes que decía:
—“Tu idea no tiene futuro.”
Le pregunté:
—¿Quién lo escribió?
—Ni idea.
—Entonces, ¿por qué le das tanto poder a alguien que ni conoces?

4. Aprende de las críticas que importan

No todas las críticas son malas. A veces, alguien con experiencia o conocimiento real te dará un consejo duro, pero valioso.
Esas críticas son un regalo. Tómalas, aprende de ellas y mejora.

¿Y tú? ¿Qué harás con las críticas?

La próxima vez que alguien te diga que no puedes, sonríe y responde:
—Gracias por tu opinión. Me la llevo al banco, a ver si algún día me genera algo de interés. Mientras tanto, sigo trabajando en lo que creo.

Porque al final del día, las críticas no construyen nada. El trabajo duro sí.
Y mientras ellos hablan, tú haces. Y haces billetes. 💸

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