Ha sucedido.
El mundo empresarial se ha convertido en Sodoma y Gomorra.
Las oficinas están infestadas de burócratas que confunden trabajar con hacer reuniones, de equipos enteros que producen menos que un ventilador apagado y departamentos que existen solo porque a alguien se le ocurrió que sonaban bien en un organigrama.
Pero ya basta.
Alguien tenía que tomar el mando.
Por eso me han nombrado caballero.
No un caballero cualquiera. No uno de esos que se pasean con armadura brillante esperando reconocimiento.
Soy el Caballero exterminador de Mamuts, el Dietista de Empresas, el que ha jurado acabar con la grasa innecesaria que lastra los negocios.
No porto una espada, pero sí una hoja de cálculo que dictará quién sobrevive y quién debe ser erradicado.
No tengo escudo, pero sí un látigo listo para sacudir a todos esos departamentos que existen solo para justificar su propia existencia.
No cabalgo en un corcel, pero sí sobre una estrategia de eficiencia que hará que cualquier empresa deje de moverse como un Mamut cansado y empiece a volar liderados por ejércitos de halcones.
Voy a poner a régimen a cada negocio que se haya convertido en un mamut obeso, lento y torpe. Porque los mamuts están en todas partes: consumen dinero, bloquean decisiones y frenan el crecimiento.
Pero eso se acabó.
Que suenen las trompetas.
Que se abran las puertas del castillo.
Empieza mi particular guerra contra la ineficiencia.
Las empresas han confundido crecimiento con obesidad
Durante años, los reinos empresariales han creído en una falacia peligrosa: más grande es mejor.
Más empleados, más oficinas, más jerarquías, más reuniones, más procedimientos… más de todo.
Y, ¿qué han conseguido?
- Empresas tan burocráticas que para comprar una libreta hay que enviar tres solicitudes, pedir permiso a un comité y esperar la aprobación de un directivo que está de vacaciones.
- Equipos de trabajo que avanzan al ritmo de una carreta medieval porque cualquier decisión tiene que pasar por seis niveles de mando.
- Empresas donde el 80% del dinero se gasta en cosas que no generan ni un céntimo de retorno.
Las empresas se han convertido en castillos amurallados llenos de grasa, donde el enemigo no es la competencia ni la crisis económica. El enemigo es interno.
Se han acostumbrado a estructuras lentas, a sistemas complejos, a tener 200 empleados cuando podrían hacer lo mismo con 50.
Han olvidado la regla fundamental: en el campo de batalla, el que se mueve más rápido, gana.
Pero hay algo peor.
Ni siquiera ven el problema.
Siguen contratando personal innecesario, siguen alquilando oficinas palaciegas, siguen manteniendo sistemas obsoletos que solo sirven para justificar nóminas.
Esto tiene un nombre: mamuts empresariales.
Y yo he sido nombrado caballero para erradicarlos.
Cómo identificar a los mamuts antes de que destruyan tu reino
Si no quieres que tu empresa acabe en el cementerio corporativo, necesitas aprender a identificar a los mamuts antes de que sea demasiado tarde.
Aquí tienes los más comunes:
- El mamut de las reuniones. Cualquier problema que pueda resolverse en cinco minutos pero que se convierte en una reunión de dos horas con veinte personas que solo están ahí para escuchar y fingir que trabajan.
- El mamut de la burocracia. Normas, procesos y trámites diseñados para que cada decisión pase por tantas manos que al final nadie sabe por qué se hizo ni quién la aprobó.
- El mamut de los departamentos fantasma. Esos grupos de personas cuyo trabajo real es hacer informes sobre el trabajo que supuestamente deberían estar haciendo.
- El mamut del gasto absurdo. Oficinas de lujo, software que nadie usa, coches de empresa, bonus para empleados que llevan veinte años en la empresa sin hacer nada nuevo.
- El mamut de la antigüedad. Ese argumento que dice: «Siempre lo hemos hecho así». Porque si algo se ha hecho mal durante años, lo lógico es seguir haciéndolo mal.
Si reconoces alguno de estos mamuts en tu empresa, tienes un problema.
Y cuanto antes lo cortes, mejor.
Empieza la cruzada: Cómo exterminar mamuts y adelgazar tu empresa
Aquí está tu escudo, tu espada y tu caballo.
Y aquí están las cinco batallas que tienes que ganar para limpiar tu empresa de mamuts y convertirla en una máquina ágil y rentable.
Batalla 1: La guerra contra las reuniones eternas
Regla de oro: si algo no puede explicarse en un correo o en una llamada de cinco minutos, probablemente no vale la pena discutirlo. Reduce las reuniones al mínimo.
Batalla 2: La caza de los departamentos inútiles
Haz que cada área justifique su existencia con números reales. Si no pueden demostrar en qué aportan valor, elimínalos.
Batalla 3: La purga del gasto innecesario
Haz una lista de todos los costos fijos de tu empresa y pregúntate: ¿esto genera dinero o es un capricho? Si es lo segundo, córtalo sin piedad.
Batalla 4: La erradicación del pensamiento dinosaurio
Elimina la frase «siempre lo hemos hecho así» de tu empresa. Lo que funcionaba hace diez años hoy puede ser una losa que te está hundiendo.
Batalla 5: La construcción de un ejército de halcones
Deja de contratar empleados por el simple hecho de tenerlos. Rodéate de halcones, profesionales especializados que trabajan rápido, ejecutan bien y desaparecen cuando el trabajo está hecho.
Solo los reinos más ágiles sobrevivirán
La batalla ya ha comenzado. Las empresas que sigan acumulando grasa, manteniendo estructuras pesadas y aferrándose a procesos obsoletos van a caer.
Las que se adapten, se vuelvan más rápidas y más eficientes serán las que dominen el futuro.
Yo ya he levantado mi espada.
Voy a exterminar mamuts.
Voy a adelgazar empresas.
Voy a construir un mundo corporativo donde solo sobrevivan los más ágiles, los más inteligentes y los que entienden que la velocidad es más importante que la tradición.
Si tienes un mamut en tu empresa, prepárate.
Porque voy a por él.