Vamos a empezar fuerte. Imagínate que entras a una reunión y te presentan al nuevo socio. Es un crack. Viene con toda la energía del mundo, habla como si tuviera la solución a todos los problemas del universo y, en la primera semana, mueve más cosas que el resto del equipo en meses.

Pero, unas semanas después, ya no se le ve tanto. Sus emails son más cortos. Las reuniones las cancela. Al mes, parece que está “de baja permanente” sin haber avisado. ¿Te suena?

O tal vez eres tú, que arrancaste un proyecto a mil por hora, trabajando 14 horas al día, soñando con el éxito… y ahora te levantas pensando:
—“¿En qué momento esto empezó a ser un castigo?”

Pues felicidades. Lo que te está pasando tiene nombre: el efecto champagne.

¿Qué es el efecto champagne?

Es ese fenómeno donde algo empieza con toda la fuerza, emoción y brillo… pero se desinfla igual de rápido. Y no, no solo pasa en negocios:

  • Ese socio que parecía Elon Musk y ahora no mueve ni una caja.
  • Ese lanzamiento que lo petó en su primer día, pero luego vendió menos que una tienda de casetes.
  • Esa campaña de marketing que tuvo 2.000 clics al principio y ahora ni tus familiares la miran.

Y aquí está la verdad: el efecto champagne mata negocios.

La gran mentira del arranque explosivo

Cuando empiezas algo con tanta intensidad, te sientes invencible. Crees que ese ritmo es sostenible. Pero no lo es. Porque el problema no está en empezar fuerte, sino en no tener un plan para mantener el nivel.

Y, como mentor, lo he visto mil veces:

  • Gente que tira todo su presupuesto en el primer mes y luego no tiene ni para pagar un banner.
  • Socios que prometen cambiar el mundo y a las dos semanas ya están agotados.
  • Campañas que explotan y después dejan a la marca peor de lo que estaba.

El resultado siempre es el mismo: espuma. Brillante al principio, pero efímera.

Cómo evitar el efecto champagne en tu negocio

  1. Bájate del hype y piensa a largo plazo.
    Está genial que algo tenga un arranque brutal, pero, ¿qué pasa después? Si no tienes una estrategia para sostenerlo, es como montar una fiesta y no tener dinero para pagar el DJ después de la primera canción.
  2. Haz menos ruido y más sistema.
    Un negocio no vive de explosiones. Vive de sistemas que generan resultados constantes. Antes de lanzar algo, pregúntate:
  • ¿Puedo mantener esto en el tiempo?
  • ¿Tengo un plan para seguir aportando valor después del arranque?
  1. Controla tus recursos.
    No gastes toda tu energía, tiempo o dinero en el primer mes. Reparte tu fuerza para que no te quedes vacío cuando más lo necesites.

El efecto champagne y tu reputación

Si empiezas fuerte y luego te desinflas, la gente no se queda con el arranque. Se queda con la caída.

  • Clientes que te veían como “la solución” empiezan a desconfiar.
  • Tu equipo te percibe como alguien inconsistente.
  • Los socios piensan que eres más ruido que resultados.

Y aquí está la clave: la reputación no se construye con promesas iniciales, se construye con consistencia.

Un último consejo (con burbujas, pero sin espuma)

Mira, a todos nos gusta un buen champagne: explosivo, vibrante, emocionante. Pero, en los negocios, no se trata de ser brillante un rato. Se trata de durar.

Deja de buscar explosiones y empieza a buscar resultados sostenibles. Porque el éxito no está en el arranque, está en el trayecto.

Vamos a ser constantes, a evitar la espuma y, por supuesto, a hacer billetes.


 

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