Hace unas semanas, en el Business Social Club, tuve una conversación con mi amigo y gran empresario Josep Reyes.

Él lleva más años haciendo negocios con China que muchos en el mundo empresarial llevan conociendo lo que es una factura. Ha visto, negociado y aprendido más sobre el mercado asiático de lo que la mayoría de los “gurús” que hablan de importaciones desde su sofá podrían soñar.

En mitad de la conversación, soltó una frase que me dejó pensando:

“Los chinos no copian, hacen homenajes.”

Y aquí fue cuando se me encendió la bombilla.

Porque esto no va solo de negocios en China, ni de productos falsificados o estrategias agresivas de mercado. Esto va de algo mucho más profundo.

Va de cómo enfrentamos el aprendizaje y la mejora en los negocios (y en la vida).

El problema no es copiar, el problema es copiar mal

Vivimos en una era donde la originalidad está sobrevalorada. Nos venden la idea de que para triunfar necesitas inventar algo revolucionario, ser el próximo Steve Jobs, Elon Musk o el Dalai Lama del emprendimiento.

Pero la realidad es que la mayoría de los negocios exitosos no nacen de la nada, sino de tomar algo que ya existía, mejorarlo y ejecutarlo de forma magistral.

El problema no es inspirarse en algo que funciona. El problema es hacerlo sin entender el concepto, sin aportar valor, sin adaptar la idea a tu mercado y, sobre todo, sin darle tu esencia.

Porque copiar sin criterio es la receta para el fracaso.

Es como el típico emprendedor que ve un modelo de negocio que funciona en EE.UU. y decide traerlo a España sin cambiar ni una coma. Y luego, cuando se estrella, se queja de que aquí “la gente no está preparada” o que el mercado “es diferente”.

No amigo, el problema no es el mercado, el problema es que copiaste sin pensar.

Ejemplos de homenajes que cambiaron la historia

Si miras bien, las grandes revoluciones empresariales no vinieron de gente que creó algo desde cero, sino de quienes supieron hacer un homenaje inteligente a algo que ya existía.

Apple no inventó la interfaz gráfica.
Steve Jobs la “homenajeó” (por decirlo suave) de un proyecto de Xerox. Pero en lugar de copiarla sin más, la convirtió en un producto usable, atractivo y con una ejecución impecable.

Zara no inventó la moda rápida.
Amancio Ortega tomó lo que hacían los diseñadores de alta costura y lo convirtió en un sistema de producción imbatible, acortando los tiempos de diseño, fabricación y distribución hasta niveles absurdos.

Tarantino no inventó el cine.
Si ves sus películas, encontrarás referencias a docenas de otras obras. Pero lo que hace diferente a Tarantino es que sus homenajes no son burdas copias, sino mezclas maestras con su propio estilo y una ejecución impecable.

¿Qué diferencia a un copiador de un homenajeador?

Aquí está la clave:

El copiador hace lo mismo, pero peor. Se limita a calcar sin pensar. Ve una estrategia, un producto o un modelo de negocio que funciona y lo reproduce sin aportar nada nuevo.

El homenajeador entiende, mejora y adapta. No se conforma con imitar, sino que descompone la idea, analiza sus fortalezas y debilidades, y la reconstruye con su propio toque.

Es la diferencia entre abrir un restaurante porque “los poke bowls están de moda” y crear una experiencia gastronómica basada en el concepto, pero con un enfoque propio.

O entre lanzar un podcast copiando el estilo de los grandes sin alma, y construir un canal con tu voz, tus historias y tu manera de conectar con la audiencia.

Cómo dejar de copiar y empezar a homenajear (en 3 pasos)

Si quieres aplicar este concepto en tu negocio y evitar ser un clon barato de otros, aquí tienes tres pasos clave:

1. Desmonta el modelo y comprende la raíz del éxito

No te quedes en la superficie. Si ves que algo funciona, no copies los síntomas, estudia las causas.

Pregúntate:
¿Por qué esta estrategia, producto o modelo de negocio tiene éxito?
¿Qué problema resuelve mejor que los demás?
¿Qué valor añadido aporta al mercado?

Si solo ves el resultado sin entender el proceso, te quedarás en la copia mediocre.

2. Mejora la propuesta de valor

No se trata de hacer lo mismo, sino de hacerlo mejor o diferente.

Si vas a tomar una idea existente, encuentra su punto débil y arréglalo. O mézclala con otra idea y crea algo único.

Piensa en:
✔️ ¿Qué fallos tiene este modelo y cómo puedo solucionarlos?
✔️ ¿Cómo puedo aportar algo que los demás no han visto?
✔️ ¿Qué parte de mi esencia puedo incorporar para diferenciarlo?

Aquí es donde entra la magia de los grandes negocios: los que transforman ideas en experiencias únicas.

3. Ejecútalo con precisión quirúrgica

La diferencia entre un “homenaje” y un “quiero y no puedo” está en la ejecución.

Si quieres que tu versión sea mejor que el original, no basta con tener la idea, tienes que aplicarla con excelencia.

Si tu negocio es un homenaje a un modelo de éxito, tu producto o servicio debe ser impecable.
Si tomas inspiración de un experto, tienes que aportar tu propio estilo, conocimiento y valor diferencial.
Si adoptas una estrategia ganadora, tienes que implementarla con foco, estrategia y sin atajos baratos.

Porque al final, una gran idea mal ejecutada sigue siendo un desastre.

No copies, homenajea con inteligencia

Vivimos en un mundo donde todo está inventado. No necesitas ser el próximo Einstein del emprendimiento, pero sí necesitas ser lo suficientemente listo como para mejorar lo que ya existe.

El problema no es inspirarse en los grandes. El problema es copiar sin entender, sin mejorar y sin aportar nada propio.

Así que la próxima vez que veas algo que te inspire, recuerda:

No lo copies sin pensar.
Desmonta su éxito, mejóralo y dale tu toque.
Y luego ejecútalo con una calidad que haga que incluso el original se quede mirando.

Porque los negocios de verdad no se construyen con copias baratas. Se construyen con homenajes inteligentes que elevan lo existente a un nuevo nivel.

Ahora dime: ¿Qué (o a quién) vas a homenajear hoy? 😉

 

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