#diariodeunmentor Padre cobarde, padre valiente (mi personal manera de dividir el mundo de los negocios)
Parafraseando a Robert Kiyosaki, hoy no vamos a hablar de ricos y pobres. Porque en este mundo hiperconectado, donde la información está al alcance de cualquiera, el mayor divisor entre quienes logran lo que quieren y quienes se quedan en la sombra no es el dinero.
Hoy te hablo de padres valientes y padres cobardes. Pero ojo, no hace falta ser padre para que esto te toque de lleno. Porque aquí «padre» es solo un concepto: es el líder de un negocio, el emprendedor, el profesional que decide su destino.
Si has pasado por una de mis mentorías, ya sabes que no me gusta endulzar las cosas. No vengo a darte palmaditas en la espalda ni a contarte cuentos de hadas sobre emprender con «pasión y propósito».
Voy a lo que importa: a la mentalidad que decide si te vas a comer el mundo o si el mundo te va a triturar.
Porque después de años de trabajar con emprendedores, empresarios y profesionales, he visto que la verdadera diferencia no es entre ricos y pobres.
Es entre valientes y cobardes.
Rico o pobre puede ser cuestión de estrategia, de industria, de oportunidad o incluso de suerte.
Pero valiente o cobarde es una decisión. Tu decisión.
Y lo que más me sorprende es que casi nadie se atreve a llamarlo así. Todo el mundo prefiere hablar de «miedos naturales», de «falta de preparación», de «prudencia».
No.
La verdad es más simple y más incómoda:
👉 Hay personas que actúan, aún con miedo.
👉 Y hay personas que justifican su inacción con excusas sofisticadas.
Y después, cuando ven los resultados de unos y de otros, se preguntan: «¿Por qué él sí y yo no?»
Pues porque él decidió ser valiente. Y tú, de momento, no.
En mis mentorías hay dos tipos de personas: valientes y cobardes
No importa si están empezando, si ya facturan millones o si están en crisis. Lo primero que analizo de cada persona que mentorizo no es su producto, ni su estrategia, ni siquiera su mercado.
Lo primero que analizo es su mentalidad base.
Y lo resumo en dos tipos de perfiles:
Los cobardes: los que siempre encuentran un «pero»
Los cobardes no es que sean malos ni tontos. Son, simplemente, víctimas de su propio miedo.
Siempre tienen una justificación:
👉 «Es que ahora mismo no es el momento ideal.»
👉 «Me gustaría, pero tengo que esperar a que se alineen los planetas.»
👉 «Voy a prepararme un poco más antes de lanzarme.»
👉 «Si tuviera más dinero/equipos/tiempo, lo haría.»
¿Lo peor? Son expertos en disfrazar su miedo de lógica.
Porque claro, «ser prudente» suena mucho mejor que decir: «No tengo las agallas para hacerlo.»
Y lo entiendo. Nadie quiere admitir que es cobarde. Pero mientras sigan en esta mentalidad, seguirán en la misma situación dentro de 1, 5 o 10 años.
Porque el mundo no premia a los que esperan.
El mundo premia a los que hacen.
Los valientes: los que se lanzan y aprenden en la caída
Los valientes tampoco tienen garantías. Tampoco lo saben todo.
Pero se mueven.
– Se equivocan rápido y aprenden más rápido.
– No esperan el momento perfecto, lo crean.
– No lloriquean por lo que no tienen, usan lo que tienen.
– Saben que la mejor forma de aprender es haciendo.
El valiente sabe que cada error le acerca al acierto.
El cobarde cree que cada error es una señal de que debe quedarse quieto.
El valiente ve oportunidades donde otros ven problemas.
El cobarde ve problemas donde otros ven oportunidades.
Y esta es la gran diferencia entre los que avanzan y los que ven pasar la vida desde la barrera.
El error que muchos cometen: confundir prudencia con parálisis
Ojo, porque aquí viene lo interesante.
El cobarde siempre dice que no es cobarde, sino «prudente».
Pero prudencia es evaluar, analizar y después tomar acción con conciencia.
Cobardía es usar el análisis como excusa para no hacer nada.
Si llevas más de 6 meses «analizando» y no has hecho nada, no estás siendo prudente. Estás paralizado.
Y lo peor es que el mundo no va a esperarte.
Porque mientras tú analizas si es el momento perfecto para lanzar tu negocio, alguien más ya lo lanzó.
Mientras tú te preguntas si invertir en formación es una buena idea, otro ya está aplicando lo que aprendió.
Mientras tú dudas si enviar ese email, otro ya cerró la venta que tú querías.
¿Dónde estás tú ahora?
Si has leído hasta aquí, es probable que dentro de ti haya una vocecita gritándote.
O bien te está diciendo:
«Mierda, me ha calado. Llevo demasiado tiempo siendo cobarde.»
O bien:
«Joder, claro que sí. Sé que soy valiente y voy a seguir en este camino.»
Sea como sea, hoy tienes una elección.
Puedes seguir en el bando de los que justifican su inacción con excusas bien elaboradas.
O puedes dar el paso al bando de los que toman acción, aunque no sea perfecta.
No hay término medio.
No hay grises.
No hay «un poquito de valentía».
O eres cobarde.
O eres valiente.
Y lo mejor de todo es que ser valiente no es un don. Es una decisión.
Si estás en el bando de los valientes, estoy seguro que te puedo ayudar, si estas en el bando de los cobardes, mejor no me hagas perder el tiempo.