Vamos a hablar de algo que quizás te duela un poco (y si duele, es porque lo necesitas): hay dos tipos de personas en el mundo.
Los problemólogos, maestros del arte de quejarse, y los solucionólogos, esos que no pierden el tiempo llorando y van directo a cambiar el juego.
Antes de que sigas leyendo, mírate al espejo mental y pregúntate:
¿En qué lado estás?
- ¿Eres el que siempre tiene una excusa?
- ¿O el que siempre encuentra un camino?
Si tienes dudas, no te preocupes, voy a darte las pistas para salir de ese club aburrido de los problemólogos.
La historia de los zapatos (y por qué nunca falla)
Esto no es un cuento inventado para motivarte. Es un caso real que te explica, sin pelos en la lengua, por qué el problema no es lo que pasa, sino cómo decides enfrentarlo.
A principios del siglo XX, dos vendedores de zapatos británicos fueron enviados a la India para evaluar el mercado.
El primero llegó, vio a todo el mundo descalzo y mandó un mensaje a su empresa:
«Esto es una pérdida de tiempo. Nadie usa zapatos aquí. No hay mercado. Me vuelvo.»
El segundo vio lo mismo y mandó un mensaje muy diferente:
«Esto es un sueño. Nadie usa zapatos aquí. ¡Envíen todos los pares que tengan! ¡Es una oportunidad infinita!»
Mismo problema, pero dos formas de verlo.
Uno se quejó, el otro encontró la oportunidad. Y esto no se aplica solo al mercado de los zapatos, se aplica a tu vida, tu negocio y hasta al café frío que te tomaste esta mañana.
¿Por qué algunos ven problemas y otros ven billetes?
Porque los problemólogos y los solucionólogos tienen maneras muy diferentes de procesar la vida:
El problemólogo:
- “Esto no es para mí.”
- “El mercado está malísimo.”
- “No se puede hacer nada con este presupuesto.”
Los problemólogos son expertos en encontrar excusas. Cada situación es una tragedia en su cabeza, cada reto es una barrera imposible, y cada oportunidad perdida es culpa de “algo o alguien más”.
El solucionólogo:
- “¿Qué puedo hacer con lo que tengo ahora?”
- “¿Cómo giro esta situación a mi favor?”
- “Esto parece complicado, pero seguro hay una manera de resolverlo.”
El solucionólogo no es optimista bobo. Es práctico. Ve un problema como un reto y un reto como una oportunidad.
¿Y tú, de qué lado estás?
Te lo pregunto porque no puedes estar en el medio. Si estás leyendo esto y tu cabeza dice algo como:
«Bueno, pero es que mi caso es diferente…»
Déjame decirte algo: no, no lo es.
Tu mercado, tus clientes, tus herramientas… todos tienen problemas. Pero el problema de verdad no está afuera. Está en cómo decides enfrentarlo.
5 claves para convertirte en un solucionólogo (y ganar siempre)
- Deja de culpar a las circunstancias.
El mercado, la economía, los algoritmos de redes sociales… Todo eso es ruido. Siempre hay alguien que está ganando mientras otros se quejan. Pregúntate: ¿por qué no puedo ser yo? - Cambia “¿por qué a mí?” por “¿qué puedo hacer?”
Sí, el cliente se fue. Sí, la venta no se cerró. Llorar un rato está permitido, pero quedarse ahí no. Da un paso atrás, analiza y encuentra una nueva forma de atacar el problema. - Rodéate de solucionólogos.
¿Sabes qué es más contagioso que un resfriado? La actitud de los problemólogos. Si estás rodeado de gente que se queja todo el día, acabarás igual. Cambia de círculo. Júntate con los que siempre están en modo acción. - Haz preguntas mejores.
Los problemólogos preguntan:
- “¿Por qué no funciona esto?”
Los solucionólogos preguntan: - “¿Cómo hago que funcione mejor?”
- Aprende a disfrutar del caos.
Porque, adivina qué: el caos siempre estará ahí. La economía será impredecible, los clientes serán exigentes y las cosas no saldrán según el plan. Pero ahí es donde nacen las grandes oportunidades.
El secreto está en tus decisiones
El problema no es el problema. Es cómo decides enfrentarlo. Así que, dime:
¿Eres el vendedor que ve a todo el mundo descalzo y se va a casa?
¿O eres el que dice: “Aquí hay negocio para rato, envíen más pares”?
Porque en el mundo real, los billetes no llegan a los que ven problemas. Llegan a los que ven soluciones. Y tú puedes ser uno de ellos.
Así que deja de mirar hacia fuera buscando excusas y empieza a buscar formas de ganar. El mundo no espera, y tú tampoco deberías.
Ayer,hablando con Fabio, un empresario Argentino.
Hemos visto que el taco de lija en Argentina se utiliza muy muy poco, aún van con lija papel.
Para la Rovin es una oportunidad, allí van sin zapatos.