Hace unas semanas, en una mentoría, un cliente me llegó exultante. Literalmente, brillaba:
—¡Alberto, hemos petado las redes! El último post tiene más de 3.000 likes. ¡Está siendo un éxito brutal!
—Eso es fantástico —le dije—. ¿Y cuántos clientes nuevos han entrado gracias a esos likes?

Silencio.

Esa pausa incómoda, ese momento de realidad, cuando se da cuenta de que la “gran victoria” que venía a contarme no se traduce en absolutamente nada tangible. Porque, sorpresa: los likes son geniales para el ego, pero no para el negocio.


Yo también caí en esa trampa. No te voy a mentir. Al principio, es un vicio. Ves cómo suben los seguidores, las visualizaciones, los likes… y sientes que estás conquistando el mundo. Cada número que crece te da un chute de dopamina:
—¡Wow! Estoy arrasando. Esto va viento en popa.

Pero entonces llega fin de mes.
Abres el Excel de facturación y la realidad te da un bofetón: los números bonitos no pagan facturas. Los likes no convierten. Los seguidores no son clientes. Y ese supuesto “éxito” digital es solo una ilusión que te has vendido a ti mismo para no enfrentarte al problema real: te has olvidado de vender.


Las vanity metrics son peligrosas porque son el equivalente a vivir de la apariencia. Es como llevar un Rolex falso: queda bien, impresiona en una foto, pero en el fondo, sabes que no vale nada.

Mira, no estoy diciendo que los números de alcance o seguidores no tengan su lugar. Claro que es bueno tener visibilidad. Pero si esa visibilidad no se traduce en leads, en ventas, en dinero… estás perdiendo el tiempo.

  • 50.000 seguidores en Instagram… pero no vendes ni un servicio.
  • 3.000 visualizaciones en un reel… y cero conversiones en tu web.
  • Un post viral… pero ni un euro en tu cuenta.

¿Qué estás haciendo? Jugando a ser popular mientras tu negocio se queda en el mismo sitio.


¿Por qué nos encantan las vanity metrics?

Porque nos hacen sentir bien. Nos dan la falsa impresión de que estamos avanzando. Es como pedalear en una bicicleta estática: mucha energía, cero progreso. Y lo peor es que te quedas ahí, enganchado, persiguiendo la próxima dosis de likes y seguidores, mientras lo realmente importante se queda en segundo plano: las ventas.

Es fácil confundir “gusto” con “resultado.” Es cómodo pensar que porque a la gente le gusta tu contenido, automáticamente eso significa que estás ganando. Pero aquí viene la verdad incómoda: los aplausos no pagan la hipoteca.


Lo que de verdad importa (y lo que deberías medir)

¿Quieres saber si estás avanzando de verdad? Olvídate de las métricas de vanidad y concéntrate en las que importan:

  • Leads cualificados. ¿Cuántas personas interesadas han dejado su contacto?
  • Tasa de conversión. ¿Cuántas de esas personas han comprado?
  • Recompra. ¿Tus clientes vuelven por más o fue una única transacción?
  • Facturación. Porque al final del día, los números que cuentan son los que terminan en tu cuenta bancaria.

¿Y los likes, los seguidores, las visualizaciones? Están bien, claro, pero solo si son un medio, no un fin. Tu negocio no vive de ego. Vive de resultados.


Cómo dejar de perder el foco

  1. Crea contenido que convierta.
    Deja de hacer publicaciones para impresionar y empieza a hacerlas para conectar. No hables de lo genial que eres, habla de cómo puedes ayudar a tu cliente ideal.
  2. Prioriza las acciones que generan impacto.
    ¿Tu última campaña trajo visitas a la web pero no ventas? Analiza qué pasó. Tal vez necesitas optimizar tu landing, mejorar tu oferta o hacer un seguimiento más efectivo.
  3. Mide lo que importa.
    Es fácil obsesionarse con los likes porque son inmediatos. Pero los resultados reales —clientes, ventas, crecimiento— tardan más en llegar. Asegúrate de que tu estrategia esté alineada con esos objetivos.

Un último consejo (con cariño y sarcasmo)

Las vanity metrics son como un espejismo en el desierto. Te hacen creer que estás avanzando, que estás más cerca del oasis, pero cuando llegas… no hay nada.

Así que la próxima vez que mires tus estadísticas y te emocione el número de likes, hazte esta pregunta:
—¿Estoy aquí para coleccionar aplausos o para construir un negocio rentable?

Porque recuerda, amigo: los likes están bien para alimentar el ego, pero solo las ventas alimentan la nevera. Vamos a hacer billetes, no ruido.

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