Es hora de quemar la balsa

Para este Domingo, os traigo un cuento cab***n, dos reflexiones y cuatro preguntas con el objetivo que os puedan ayudar e inspirar, aunque como veréis no son sencillas ni de contestar y menos todavía de aplicar…

En el mundo de los negocios veo diariamente a personas que quieren aplicar las mismas reglas, fórmulas, sistemas y modelos de negocio que les funcionaron en «su» tiempo y que en estos momentos están obsoletas, la falta de innovación, creatividad y evolución son lastres para su propia empresa, a partir de ahora cada vez que vea un caso «cargar la balsa» recordaré este cuento.

Espero j*** un poco este Domingo y que os acordéis de mi lo peor posible, ya que los ZASCAS están para esto:

«Un viajero que cruzando unas tierras inhóspitas y salvajes, se topó con un río infranqueable.El hombre se dio cuenta inmediatamente de que estaba en un serio apuro porque, por un lado, las aguas eran profundas y turbulentas, batidas por una corriente violenta que habían arrancado el único puente que había en muchos kilómetros; pero por si esto fuera poco, la orilla en la que se encontraba atrapado resultaba terriblemente peligrosa: abundaban allí los lobos y los bandoleros, la tierra era pantanosa y no había nada que comer.

El viajero, tras varios días agazapado entre las ramas de un árbol, exhausto y hambriento, tuvo de pronto una idea que le hizo saltar de júbilo: haría una balsa. Trenzaría ramas y juncos, las ataría con los jirones de su ropa y se lanzaría al río. La corriente era fuerte, es cierto, pero él remaría con los brazos y las piernas y, aunque fuera arrastrado muchos kilómetros río abajo, en algún momento conseguiría llegar sano y salvo a la otra orilla.

Y eso fue exactamente lo que hizo. A toda prisa confeccionó una frágil balsa con la que se aventuró entre las aguas sucias y salvajes. Y tras mucho remar, mucho temer, mucho rezar y mucho sufrir, consiguió llegar a la otra orilla.

El hombre, presa de una alegría y un agradecimiento que cualquiera de nosotros podrá entender, abrazó la balsa, besó sus enmarañadas ramas y la apretó contra si:

– ¡Gracias a ti he salvado la vida! –decía. ¡He salido del mayor aprieto en que jamás me haya encontrado! ¡A partir de ahora te llevaré siempre conmigo para salvar todas las dificultades que me encuentre!

Y diciendo esto, el hombre la cargó pesadamente sobre su espalda y continuó fatigosamente su camino, llevándola siempre consigo, a través de llanuras, montañas y desiertos. Y por más que el sudor le cegara la vista y sus piernas temblaran bajo el enorme peso, él nunca la soltó»

En realidad, la aparentemente absurda decisión del viajero chino es mucho más frecuente en nuestras vidas de lo que podríamos creer. Una vez que encontramos un método para cruzar el río, tendemos a aplicarlo de manera automática y repetitiva.

Sin embargo (AQUÍ VIENEN LAS PREGUNTAS ZASCAS)

  1. ¿Con cuánta frecuencia seguimos utilizando viejas soluciones para afrontar problemas nuevos que requerirían un análisis un poco más detenido?
  2. ¿Cuántas empresas no saben cuando es el momento de cambiar, de innovar, de hacer cosas diferentes y viven ancladas en viejos tiempos y con soluciones en un mundo que ya no existe?
  3. ¿Qué personas tenemos en nuestra vida porque aunque sean tóxicas o carentes de aportarnos nada, seguimos teniendo porque alguna vez lo aportaron? ( no hablo de cariño, ni de amistades sinceras, ya sabéis a lo que me refiero)
  4. ¿Cuántas veces fracasamos ante algunos de los retos de la vida, sencillamente porque seguimos aplicando las caducadas soluciones de nuestra juventud o nuestra adolescencia o nuestra primera niñez?

Recordad:

Lo que ayer fue útil, hoy puede no serlo. El tesoro de ayer puede ser la basura de hoy. Lo que hace años pudiera habernos salvado, tal vez hoy nos va complicar seriamente las cosas. Es necesario dedicar un tiempo a reflexionar sobre qué balsas estamos arrastrando cada uno de nosotros.

 

2022-02-13T17:10:36+01:00